El cerebro triuno

¿Por qué al hablar en público sentimos miedo cuando en realidad no corremos peligro? Ya reflexionamos de ello en esta entrada, pero para entender el origen de esas reacciones, vamos a profundizar en cómo está construido nuestro cerebro para sacar partido a su plena capacidad, no sólo en la oratoria sino en todas las soft skills.

La teoría del cerebro triuno es un modelo de MacLean que hoy en día resulta demasiado simple para toda la información de la que disponemos gracias a las nuevas técnicas de neuroimagen. Pero a pesar de estar desfasado, es muy importante puesto que relaciona zonas cerebrales con funciones mentales concretas. MacLean defiende que tenemos tres cerebros en uno, que si bien se comunican entre ellos, los más antiguos a nivel evolutivo siguen bloqueando a los más modernos, haciendo que nuestra capacidad de raciocinio y lógica se vea mermada ante situaciones de tensión. Por eso nos quedamos en blanco ante un examen o sentimos miedo cuando tenemos que hacer una exposición en directo ante desconocidos.

El cerebro reptiliano es el más primitivo y se encarga de los automatismos instintivos, como por ejemplo: salir corriendo ante un león que nos quiere morder. Es considerado como la estructura ancestral que regula nuestras funciones vitales y las conductas más instintivas relacionadas con la supervivencia del individuo (comer, beber, dormir) y de la especie (impulsos y relaciones sexuales). Según la psicología, la función de este cerebro es actuar rápido y de manera instintiva para asegurar nuestra supervivencia, lo que puede resultar contraproducente ante amenazas percibidas, puesto que no hace distinción con las reales y produce el mismo estrés como si nuestra vida corriese peligro ante el ataque de un león.

El cerebro límbico se encarga de las emociones y está muy vinculado con los recuerdos, con lo que nos gusta y nos desagrada, a quiénes apreciamos y a quiénes rechazamos, qué nos atrae y qué nos repugna. Esto tiene que ver con los prejuicios, la desconfianza, la procrastinación, las adicciones, los deseos, los juegos... Por eso generalizamos desde una única experiencia, porque tener razón nos da placer; por eso rechazamos el cambio y, ante lo que nos supone un esfuerzo, nuestro cerebro límbico nos protege mediante la pereza aferrándonos a aquello que ya conocemos. El orgullo también es otro mecanismo que nos impide mejorar nuestra situación, porque para ello habría que empezar por afrontar nuestra debilidad.

Nuestros sistemas de memoria, motivación, activación y atención suelen funcionar de una manera más productiva cuando se ven influenciados por las emociones positivas, por ello recordamos mejor las vivencias divertidas que las monótonas, y por ello es más fácil aprender el reglamento de un juego que las tablas de multiplicar, a no ser que las aprendamos cantando y bailando.

Por último, el neocórtex es la parte del cerebro más evolucionada, la que se encarga de razonar y del procesamiento cognitivo, de proyectarte al futuro, de la lógica, la creatividad, etc. Este cerebro nos permite analizar la información, resolver problemas, planificar, desarrollar ideas y teorías. Las capacidades intelectuales, lógicas y la toma de decisiones racionales son algunas de las habilidades que nos proporciona esta zona cerebral. Además, este cerebro racional también nos ayuda en los procesos de autoconciencia, reflexión y organización.

Con lo anterior podremos entender el secuestro de la amígdala, que veremos en la próxima entrada, cuyo bloqueo del neocórtex nos impide diferenciar una amenaza biológica real (donde está en peligro nuestra vida e integridad física) de una amenaza mental percibida (creencias y pensamientos que sólo están en nuestra mente).