¿Cómo superar el miedo escénico?

Si eres capaz de contarle algo a una persona, puedes contárselo a mil al mismo tiempo, el talento para ello ya lo tienes, lo único que te lo impide es el nerviosismo, la ansiedad o el pánico. El mes pasado entendimos por qué tenemos miedo escénico. Con eso estamos mejor preparados para afrontarlo, porque ya le hemos levantado la sábana al fantasma y le hemos puesto cara. Ahora sabemos a qué nos enfrentamos cuando hablamos en público.

El miedo o estrés surge ante una amenaza, pero si tenemos claro que podemos controlarlo, veremos cómo los nervios pueden ser nuestros aliados, ya que transformaremos el estrés negativo (distrés) en positivo (eustrés), pasando del bloqueo al hormigueo, reconduciendo la vergüenza paralizante a las mariposas en el estómago, y cambiando la huida ante el peligro por la persecución de la adrenalina.

Recuerdo cuando apenas sabía montar en patines y no me atrevía a bajar por pendientes, por el miedo a hacerme daño si me caía. Ahora disfruto bajarlas y sentir la velocidad. Cuanto mayor entrenamiento tengo, más reduzco mi miedo a caerme, y precisamente por eso apenas me caigo, no gracias a mi dominio con los patines, sino a mi falta de miedo. Por otro lado, el simple hecho de llevar casco y protecciones en mis articulaciones me hace sentir más seguro y patinar mejor. Aunque en caso de caída, sé controlar cómo caerme para no sufrir daños, poder levantarme y continuar.

En la oratoria sucede lo mismo que en el patinaje. Si superamos el miedo escénico, hablar en público es fácil. Te invito a enamorarte de esta maravillosa habilidad, y a continuación te enumero qué casco y protecciones puedes llevar contigo para desarrollarla sin ningún percance.

1) Respirar despacio y profundamente

1.1.- Normalmente los pulmones respiran igual que nuestro corazón late: sin que nos demos cuenta. Pero si tomamos conciencia, podemos controlar la respiración, lo que ayuda a calmar el ritmo cardíaco acelerado por los nervios.

1.2.- Tener presente la respiración sosegada nos lleva a una rutina de pausas y silencios que armonizan mucho nuestra exposición oral, igual que en la música, lo que evita la monotonía de un runrún y que la audiencia desconecte de nuestro discurso. Esto también nos permite pensar sin prisa y seguir sin despistes el orden de nuestro mensaje.

2) Beber agua del tiempo

2.1.- Para beber bien, tenemos que quedarnos quietos, y el mensaje que le trasladamos a nuestro inconsciente es: "si puedo pararme a beber, será que no tengo que huir, luego no hay peligro". De esa forma apagamos nuestros miedos primitivos, vistos en la anterior entrada.

2.2.- Aprovechemos que necesitamos estar bien erguidos para beber sin atragantarnos. Si mantenemos esa postura, conseguiremos oxigenar mejor nuestro cerebro y pensaremos con mayor claridad aun teniendo nervios.

2.3.- Al beber hidratamos la garganta, evitando la sequedad bucal típica debida a la tensión, y relajamos los músculos del cuello, facilitando la fonación. Así reducimos la posibilidad de que se nos trabe la lengua y nos salgan gallos en la voz.

2.4.- Al hilo del apartado anterior, si tenemos que aguantar la respiración mientras bebemos, favorecemos a calmarla y relajarnos, mientras que añadimos otra breve pausa que siempre es bienvenida.

2.5.- No tengamos reparo en tener nuestro vaso o botella de agua cerca y beber cuando lo necesitemos durante nuestra intervención. Si lo hacemos sutilmente, no supone una distracción para el público. Te puedo asegurar que en este recital de poesía nadie se dio cuenta de mi botella:


3) Sonreír mirando a los ojos

3.1.- Si sonreímos, nuestra audiencia sonreirá con nosotros. Así activamos sus neuronas espejo y les contagiamos de emociones positivas, lo que hace que nos ganemos su cariño y en consecuencia su respeto. Esto nos permite recibir mayor benevolencia cuando tengamos algún lapsus linguae.

3.2.- El contacto visual nos hace conectar con el público, lo que nos da confianza en nosotros mismos, como si hablásemos con una sola persona y no mil, pues nos centramos en ellas individualmente y no las vemos como un conjunto único y gigante que nos atemorice. Así aplicamos la técnica "divide y vencerás".

3.3.- Si miramos a los ojos (es decir: no esquivamos a nuestra audiencia), significa que no suponen un enemigo para nosotros. Eso ya lo sabemos de antemano, pero con este gesto también se lo hacemos saber a nuestro inconsciente y no nos domina ese instinto primario de huida ante un depredador.

3.4.- En los inevitables fallos que nos surgirán, si nos reímos de nosotros mismos, lo único que pueden hacer los demás es reírse con nosotros, ya nadie puede reírse de nosotros porque nos hemos adelantado, a los demás sólo les queda acompañarnos. Eso también elimina el malestar de vergüenza ajena que podríamos causar en el público, así nadie se siente mal, todos están cómodos y nosotros mantenemos la serenidad.

3.5.- Al sonreír le estamos diciendo a nuestro inconsciente que todo va bien, manteniendo la paz mental. La sonrisa es una consecuencia de un estado emocional positivo, y también puede ser la causa para conseguir ese mismo estado. La neurociencia ha demostrado que el efecto va en ambos sentidos.

4) Llevar notas y la apertura preparada

4.1.- Por suerte, mientras no estemos en una obra de teatro, podemos llevar notas con nosotros. Al igual que con el agua, un breve vistazo a nuestras notas tampoco supone una distracción para la audiencia y nos ayuda a continuar en caso de perder el hilo. Además, el simple hecho de saber que podemos recurrir a ellas nos ayuda a calmar la ansiedad, como cuando se lleva una chuleta a un examen aunque no se llegue a utilizar, solamente el hecho de tenerla a mano nos hace pensar con más tranquilidad.

4.2.- La apertura de nuestro discurso debe estar muy ensayada, pues el estado de máximo nerviosismo se presenta en los primeros momentos. Por eso es importante preparar bien cómo empezaremos, para ganar fluidez e inercia desde el principio. Igual que un coche de gasolina con cambio de marchas manual: resulta más fácil evitar que se nos cale cuando ya está en movimiento.

5) Usar los nervios a nuestro favor

5.1.- La clave es reducir el nerviosismo, no eliminarlo, porque es útil. Los nervios controlados funcionan como el turbo en un coche deportivo. Suponen un empuje para la emoción, energía y vitalidad, de forma que logramos conectar con el público, porque nos hace estar más presentes en la situación y logramos transmitir mejor el mensaje, ya que tenemos puestos los cinco sentidos al máximo.

5.2.- Es un error muy grave consumir cualquier tipo de sustancia que elimine el nerviosismo, incluyendo fármacos o bebidas alcohólicas, porque, al igual que con la anestesia, perdemos la noción de lo que sucede y caemos en la monotonía, la apatía y el aburrimiento para nuestra audiencia, lo que supone una enorme falta de respeto hacia su tiempo y atención. Evitar este recurso lamentable hace que tengamos una naturalidad, originalidad y espontaneidad mucho más auténticas, logrando un mayor éxito en nuestra vida profesional y social.