3 consejos para maestros de ceremonias

He aquí un resumen de tres metas que siempre pretendo conseguir en mis presentaciones.

1) Haz partícipe al público

Lo primero que debemos tener en cuenta nosotros es que el público se ha desplazado para acudir al evento y está dedicando un tiempo muy valioso. Por ello, nuestra prioridad es procurar que sientan que ese voto de confianza va a merecer la pena. Si hacemos estar presente a la audiencia durante todo el desarrollo del acto, su sensación al final será que se le ha quedado corto. Para ello es muy importante hacer una apertura y clausura muy bien marcadas, como si fuesen broches de unen dos extremos, para dar la sensación cíclica donde el final termina en el comienzo del principio; es ahí cuando se logra la noción de que el tiempo ha pasado volando. Una de las múltiples formas de despertar las ganas de escucha es hacer preguntas retóricas a los presentes pidiendo su intervención con un simple "sí" o un "yo" levantando la mano, por ejemplo: "¿quién quiere celebrar este aniversario?".

2) Realza a los invitados

Una función primordial es hacer sentir cómodos a los invitados que intervienen en el evento. Puede ocurrir que ya estén acostumbrados a hablar en público (por ejemplo: un ponente en un congreso), pero puede ocurrir que no (por ejemplo: un homenajeado en un certamen de premios), y en este caso es fundamental que se sientan muy arropados y protegidos. Nuestro control de las pausas, los silencios y la captación de la curiosidad del público debe hacerle fácil la intervención al protagonista, como cuando allanamos un terreno y apartamos los obstáculos para que camine un bebé o un anciano. En esta labor debemos demostrar la mayor humildad, cercanía y agradecimiento por tenerle a nuestro lado, para que no se sienta inhibido o cohibido en ningún momento y perciba nuestro compromiso con su aportación y momento en el escenario. Nuestro éxito reside en que el invitado brille, quedándonos nosotros en un segundo plano.


3) No seas el foco de atención

Al igual que un buen estilista realza la belleza de otra persona o un entrenador personal mejora el estado de forma de otra persona, un maestro de ceremonias se centra en la celebración que vive un grupo de personas en un evento. Ni que decir tiene que el estilista puede llevar un peinado atractivo, que el entrenador personal puede estar físicamente ejercitado, y que el maestro de ceremonias sepa dominar un escenario y la oratoria, pero en el desempeño de sus trabajos todos ellos no son los protagonistas, sino las personas a las que sirven. En este caso lo que importa es que el público esté disfrutando del motivo por el que está en dicho acontecimiento, y que cuando pase el tiempo le resulte muy fácil recordar dicha experiencia porque su nivel de energía e interés estuvo muy alto durante todo el acto, sin cansancio ni monotonía. Ese debe ser nuestro objetivo.

En conclusión: nuestro trabajo debe hablar por nosotros, nunca nosotros de nosotros mismos.